
Hay ruidos que nos molestan a casi todos, sobretodo cuando queremos descansar. El ruido de una bocina o claxon, el de una alarma de auto es insoportable. Hay esos que no nos dejan dormir, como el que tu pareja o la persona con la que compartes dormitorio ronca, un goteo de agua de un caño con la empaquetadura gastada, una puerta cuyas bisagras ya están algo oxidadas y está a medio cerrar, el ruido de los zapatos del vecino de arriba. Las carcajadas y conversaciones de gente en la calle, dentro de un auto, algún vecino insomne, con la televisión prendida con el volumen alto. Una mosca que de la nada apenas apagas la luz de la mesa de noche aparece volando sobre tu cara, prendes la luz para matarla y ya no está.
El ruido de un taladro eléctrico, de un martillo, una gata en celo y los enamorados peleándose por ésta, una pelea de perros en la esquina. Alguna fiesta con la música a todo volumen, algún borrachín despidiéndose largamente de sus amigotes. El ruido de algún motor de auto, cisterna u otra cosa, sabe Dios qué. Con sólo alguno de estos ruidos es imposible conciliar el sueño, aunque nos coloquemos tapones en los oídos. Hay otros ruidos molestos que nos crispan no cuando descansamos, recuerdo en el colegio una uña raspando la pizarra, o cuando vamos al dentista y sus aparatos tipo taladro. Los gritos y pataletas de un niño caprichoso que no quiere comer su comida, ni irse a dormir. Los cohetes en las épocas navideñas, Año nuevo y otras fiestas. Hay ruidos y hay ruidos…pero hay que agradecer a la vida de tener este sentido ya que podemos disfrutar también de sonidos agradables.








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